Creo que puedo afirmar, que una de las actividades que mayores placeres han proporcionado al hombre a lo largo de la historia ha sido el ejercicio de la caza.
Hablar de ella en términos generales es hacerlo en indefinido, porque desde la antigüedad, sobre todo desde la Edad Media, esta práctica estuvo marcada para los fines que perseguía el cazador, que era la utilidad que esta le proporcionaba para su subsistencia.
Se tiene c
onstancia en sus orígenes, que la caza se ejercía para contribuir a la alimentación, y para obtener ropas de abrigo. Durante el Paleolítico, según recoge la historia, las personas vivían de la caza y del consumo de frutos y vegetales silvestres. Se convertían en sociedades recolectoras, lo que les imponía un tipo de vida nómada. Se veían obligados a desplazarse de un lugar a otro en busca de todo tipo de alimentos, plantas, y frutos silvestres.
Existen testimonios de manuscritos, que afirman que los primeros pobladores eran más carroñeros que cazadores, por obtener la carne de los restos de animales abatidos por
los grandes carnívoros que comían cruda. Con el descubrimiento del fuego ya lo utilizaban para cocinar los alimentos, calentarse, espantar animales, e iluminar.
La fabricación de las primeras y rudimentarias armas co
mo hachas de piedra, lanzas, y otras fabricadas con piedras y huesos de animales, les sirvieron para defenderse de los animales salvajes, además de su empleo para la caza.
En esta época, nos encontramos ante una economía que no producía nada, se trataba de una actividad depredadora, y por ello nómada, pero que cambió en el periodo del Neolítico con el inicio de los cultivos y la ganadería, que les hizo más sedentarios, unido a sus avances en las técnicas de la caza.
Si algunos de vosotros habéis tenido la oportunidad de visitar las cuevas de Altamira, habréis comprobado, que albergan uno de los conjuntos de pinturas prehistóricas más importantes del mundo realizado durante la etapa del Paleolítico. Gran parte de esas pinturas son de nuestros antepasados de la Edad de Piedra y, representan diversos motivos venatorios.
Los hallazgos de restos de las armas prehistóricas que empleaban para la caza, prueban la
persecución y lucha contra los animales que poblaban hace miles de años la Península Ibérica con la existencia de grandes animales salvajes conocidos, y que fueron desapareciendo de nuestras latitudes.
En la Edad Media hasta el año 492 antes de Cristo, se consolida la afición a la caza entre la nobleza y la realeza española, que se practicaba a la carrera con caballos y perros, pero tampoco deja de ser una actividad común entre gentes de toda condición.
Durante el imperio romano a España se le denominaba Hispania o Iberia, que etimológicamente significa tierra de conejos, también llamada de esta forma por los fenicios o cartagineses. Fue escenario de grandes cacerías para suministrar el sustento de muchas personas con conejos y perdices sin que se tuvieran que esforzar demasiado dada su gran densidad.
En el año 506 durante el reinado del Rey visigodo Alarico II ya se encuentran los primeros mandatos sobre la propiedad de la caza y de los terrenos que la habitan.
Durante el siglo IX se tiene constancia de la aparición de armas más perfectas para la caza con la fabricación de balle
stas muy rudimentarias y de poco alcance.
La caza estaba considerada como una de las distracciones favoritas de los soberanos y de la aristocracia de la época. Se realizaban cacerías a caballo empleando lanzas y perros.
Las formas de caza fueron evolucionando desde las monterías a caballo, a la caza de aves con la modalidad minoritaria de la cetrería procedente de Oriente. La caza de las aves se detalla en varias obras, entre ellas las de Pedro López de Ayala, y la de Fadrique de Zúñiga.
Fue durante el reinado de Alfonso X de Castilla, cuando se promulgó y entró en vigencia un nuevo Fuero Real del derecho de los distintos territorios de la Corona de Castilla, en el cual se ordenan normas sobre la caza.
También se escribió la obra titulada El Código de las Siete Partidas, en la que define a la caza “como el arte o sabiduría de guerrear y de vencer”. Tanto en el Fuero Real, y en el Fuero de Soria, se establecían que los animales de caza son de propiedad privada y pertenecían al dueño de los terrenos.
La caza cobró importancia con la aparición del uso de la pólvora en las armas de fuego a finales del siglo XV con la utilización de las primeras armas defectuosas de mecha, que dieron paso a otros sistemas de ignición mediante el pedernal o sílex conocida como la llave de snapance, la de llave de patilla a la española o Migueletes, y la llave francesa o de Le Burgeoys.
El arcabuz con pe
rdigones fue el arma más empleada en la caza menor. Con ocasión de esta práctica con armas de fuego, surgieron los llamados perros de parada que indicaban donde se encontraban las piezas.
Una vez asentada la dinastía borbónica en el trono de España en el año 1700, continúa la práctica de la caza entre nuestros reyes, pero sin duda con más vehemencia que épocas anteriores.
Después, desde Felipe V hasta nuestro actual Rey Juan Carlos I, todos los monarcas han sido cazadores, manteniendo la caza en la historia de España como parte de su cultura y tradiciones más arraigadas reguladas por distintas Leyes.
Durante los años: 1522,1527,1804,1834,1879, 1902,1940, 1970, hasta la reciente Ley de la Biodiversidad, se han ido modificando las leyes de caza en España. Pero a pesar de las leyes reguladoras y protectoras contra las especies de caza, debido a la gran demanda comercial desmedida, y el perfeccionamiento de las armas de fuego, también han ido ocasionado que las especies cinegéticas fueran disminuyendo progresivamente.
En el viejo continente podemos afirmar, que España ha sido la tierra más privilegiada para las especies de caza. Las cacerías han contribuido a enriquecer no sólo nuestra vasta trayectoria cinegética, sino también a continuar una milenaria tradición de cultura heredada, pero que ha sido sobreexplotada masivamente sin el debido control, disminuyendo año tras año las especies cinegéticas autóctonas.
En la actualidad, desgraciadamente está poco conservada y gestionada la caza autóctona a través del devenir de varias generaciones de cazadores españoles, quizá algunos pocos comprometidos con la gestión de los cazaderos para mantenerlos estables.
El ejercicio de la caza, debería ser autorizado y planificado por las distintas Consejerías de Medio Ambiente bajo riguroso control, en función de la gestión y piezas de caza existentes en el coto con programas de caza sostenible, para que siempre estuviese en armonía con poblaciones estables, con la protección, conservación, fomento y ordenación de los recursos cinegéticos de la pureza autóctona de las especies del cazadero. Todo ello, lógicamente bien dirigido y controlado por personas expertas en temas de caza.
Esto sería el sueño para muchos de los cazadores puristas que existen, y no de los adaptados obligatoriamente por la escasez y el mercantilismo de la mentira de la caza comercial impuesto de las especies de granja, precisamente por no haber puesto en práctica las premisas de protección que señalaba anteriormente. Pero todos sabemos, que hasta ahora ha sido una utopía irrealizable dada la privacidad que ostentan la mayoría de los cazaderos y la gran demanda existente. Pero si sería la forma de comprometer y obligar la gestión y recuperación de la caza autóctona. Esperemos que las nuevas disposiciones aparecidas recientemente en el B.O.E de la nueva Ley orgánica 5/2010 de la reforma del Código Penal, endureciendo las penas contra los que liberen especies no autóctonas, frenen en muchos cazaderos la incontrolable suelta de especies totalmente domesticadas hibridadas, y de origen incierto, que tanto daño están ocasionando con la transmisión de enfermedades a las especies autóctonas.
De esa escasez, a su vez se deriva otro elemento consustancial y constante, es decir, su configuración como privilegio. Porque si la caza ha sido históricamente la ocupación venturosa más preciada para los hombres, ahora tal como se encuentran casi todos los cazaderos bajo mínimos de auténtica caza autóctona ha dejado de serlo, al convertirse muchas veces en cuanto a caza autóctona se refiere, solo privilegio de los más poderosos, de los adinerados, de los que pueden acceder a ellas a precios excesivos.
A pesar de ello, muchos cazadores como animales racionales con sus instintos genéticos para la caza, no han podido prescindir de cualquier forma de caza para satisfacer su pasión necesaria y vital. No como válvula de escape que con su ejercicio como también se nos ha criticado, manifestamos con su práctica nuestro desahogo, nuestra agresividad de la vida diaria. No, esta afición es algo más que se lleva muy dentro, y es difícil de comprender por quienes no la han conocido, no la hayan “mamado”, y no la hayan vivido y practicado.
Los amantes de la caza también sabemos, que tenemos demasiados detractores o grupos radicales. Los cazadores no hemos podido escapar de las críticas perversas de otros grupos que pensando diferente, continúan generando problemas con el manejo de la fauna y, con la explotación de la misma.
Estas personas diferentes, y los movimientos de los llamados erróneamente ecologistas, forman grupos mediáticos, que influyen lógicamente en muchas personas, incluyendo igualmente en hijos y familiares de personas amantes de la caza. Mi buen amigo cuquillero tristemente fallecido Paco Omar, decía en sus versos, “Los ecologistas van vestidos con pieles de cordero, pero no se les ve el plumero.” Me consta, que logran muchas veces su propósito en la mayoría de las veces, al mostrar la caza como algo cruel e inhumano. Dar muerte a un animal cala profundamente en ciertas personas. Creo que todos hemos tenido en alguna ocasión que cambiar de tema hábilmente en alguna tertulia con amigos no cazadores, cuando ha salido a colación en la tertulia la caza, para evitar mayores acaloramientos y tensiones. La propaganda y oposición injustificada, preocupados estos movimientos mas por sensionalismo aprovechado, que por las verdaderas formas de impulsar y promover la gestión cinegética y de la naturaleza.
Estos críticos son las figuras “representativas” del falso ecologismo, porque todavía no he visto en mis largos años de cazador a ninguno de ellos que se denominan ecologistas, preocuparse de la gestión de ningún cazadero. Predicar, criticar, y no dar trigo, no vale para nada. No con aportación de su dinero, sino ni con la más mínima colaboración. Por ejemplo ayudar a poner agua y comida subiendo montes en algún momento que la fauna más lo necesita, en los meses de verano con cuarenta grados de temperatura. Y es que resulta, que solo los buenos cazadores, son los más preocupad
os en que no desaparezca la fauna autóctona. Por ello, existen lógicamente otros tipos de ecologistas llamados cazadores, que están más comprometidos, y más eficaces en los cuidados de la fauna y naturaleza, aunque resulte paradójico esta afirmación, porque los que estamos comprometidos con la verdadera caza autóctona, sí que asumimos esa responsabilidad de verdaderos ecologistas trabajando, gestionado, mejorando sus condiciones, vigilando a la fauna en sus necesidades, pagando de nuestro bolsillo el mantenimiento de la misma, que de no ser así, y gracias a este esfuerzo por su conservación, a la buena gestión de la caza autóctona, poco o nada quedaría, en estos tiempos tan irregulares que padecemos con los cambios climáticos y, de las grandes transformaciones generalizadas que se han producido en los cultivos tradicionales de los últimos años en el campo.
En la actualidad la mayoría de la población española, puede prescindir de cualquier forma de caza o recolección de frutos silvestres para su alimentación, o que la caza sea vital para su supervivencia. Pero los cazadores, los que de verdad nos sentimos como tales, no hemos querido, ni podido, cesar en
esta actividad. Esto es un hecho irrefutable de que la caza en sí, no es un mero capricho de pocos, muchos, pobres o ricos, y menos aún de una determinada ideología que algunos desean hacernos creer, sino que es algo que sentimos profundamente y que está arraigado en nuestra plantilla genética, en nuestra condición de animales racionales.
La historia de la caza actual se inicia hace algunos cientos de años. De manera, que es una actividad relativamente nueva. Algo que aunque muchos no comprendan el papel que cumple en la sociedad actual, es incorrecto juzgarla, como lo hacen algunos núcleos probablemente con una agenda de intereses personales ocultos en la mayoría de ellos tras la crítica. Pero ya solo el mero hecho de ayudar a los demás con los movimientos de dinero que genera la caza a vastos grupos de población, que logran que en zonas muy deprimidas contribuyan a mejorar su nivel y calidad de vida, debería ser más que suficiente para acallar al más virulento de nuestros detractores.
Lo cierto es que mucho antes de nuestra aparición en la superficie de la tierra, aún antes de la era de los dinosaurios, el mundo se inició repartiéndose entre animales de presa y predadores. Quién quiera que se haya hecho cargo del reparto de funciones como lo es el instinto cazador del hombre, repitió el esquema básico cazador/presa, a lo largo de muchos cientos de millones de años.
Y ya sea la naturaleza, o algún ser divino el responsable del esquema, merece ser correctamente interpretado, antes que neciamente juzgado. Más bien, habría que tomar a aquellos que se oponen irracionalmente a la verdadera caza, a la selectiva y prudente, como los verdaderos caprichosos y anormales de nuestra especie con sus sentimentalismos rancios de su oposición.
Pero la pregunta del millón, es si ahora somos demasiados, o estamos perdiendo adeptos. En el año 2010 casi en los comienzos del siglo XXI, existen en España un millón y medio de licencias de caza. El pasado año con ocasión de la apertura de vedas generales, tuve la ocasión de leer en un medio de comunicación que la cifra de licencias en España había bajado en una cantidad muy significativa. Cifraba, que se pierden cada año gran número de licencias de caza, y eso según matizaba, ocurre desde los últimos quince años. Estas afirmaciones de importantes abandonos que se están produciendo durante los últimos años, de ser ciertos, pueden proceder de cazadores sin gran afición a la caza, además de los “circunstanciales” que de haberlos haylos expresado de esta forma arcaica, al igual que lo es el ejercicio de la caza.
Hubo un tiempo, que mucha gente en zonas extremadamente deprimidas, el ejercicio de la caza no fue deportivo o de afición, sino de supervivencia. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y, salvo algunas excepciones, ya no se dan estas necesidades básicas para sobrevivir dependiendo de la caza. Hoy las expectativas de alimentación son otras, y la expansión de comercios también ha contribuido a ello en núcleos rurales, al mejorar las condiciones y medios de vida. También las desilusiones, las trabas administrativas, la desmotivación de los menos "cazadores" que si no matan no se sienten satisfechos ante la escasez de la caza, puede que les hayan quitado sus “inquietudes cazadoras”. Pero también pueden ser otros factores como vamos a seguir analizando.
Hace años c
uando la nueva Ley de caza promovió la regulación de los cotos privados para poner fin a la llegada masiva de cazadores de todos los lugares a cazar gratis, los propietarios acotaron sus tierras. Esto dio pié a que muchos, al ser la caza un bien escaso y, suprimirse prácticamente todos los terrenos libres, hizo que la demanda subiera como la espuma, además, dio pié a muchos que no eran cazadores, acotar sus términos municipales, que les animó a cazar gratis donde ahora, otros no lo podían hacer.
El aumento del nivel de vida, las facilidades en el transporte, los desplazamientos a nuevos cazaderos fuera de sus provincias mas atractivos con el llamado turismo cinegético también fue determinante en el auge de nuevos cazadores para “relajarse” de las obligaciones familiares del fin de semana, convivencia con los amigos, comidas, pero sobre todo diversiones y jaranas. Esto dio pié a muchos aún no siendo cazadores, ni tener afición, aprovechaban estas circunstancias propicias para evadirse en los desplazamientos sacando su licencia.
Durante muchos años en los que me he desplazado fuera de mi provincia para practicar diversos tipos de caza que implicaba salir viernes y regresar domingo, excepto en época de la caza con reclamo, muchos de estos nuevos “cazadores” nunca participaron en ninguna cacería, lo suyo era otro tema. Lógicamente después de algunos años de las buenas "perchas" conseguidas en estos desplazamientos, su afición fue disminuyendo y dejaron de ser “cazadores” causando baja.
Pero centrándonos en las bajas de los auténticos cazadores, pueden ser varios los motivos de esos hipotéticos abandonos, por una parte el estado de muchos de los cazaderos sin caza autóctona, hacen que muchos puristas que no tienen la suerte de tener donde practicar la caza en su verdadera magnitud e intensidad, les lleva a colgar la escopeta. No les interesa para nada pagar grandes fortunas para “matar” que no cazar, aves domesticadas que impunemente sueltan en los campos con los grandes perjuicios que causan a la fauna autóctona. Con esto se pierde el espíritu de la caza, junto con sus reglas de honor y códigos éticos en las formas de cazar, y que muchos no estamos dispuestos a practicar con este tipo de caza totalmente adulterada y que no cumple las expectativas del cazador purista.
En un mundo cada vez más vertiginoso, con falta de ética, muchas veces es para muchos la forma de mantener vivas nuestras tradiciones más caras, y además, nos permiten movernos en un ambiente digno que acepta, defiende, y se rige, por los antiguos códigos de conducta en la manera de cazar.
Es cierto me consta, que existen grupos de cazadores entusiastas comprometidos con el mundo de la caza, pero ¿cuántos son capaces de arrimar el hombro cuando sea necesario? Creo que no son muchos los voluntarios, solo son unos pocos los que hacen el trabajo. Esta es una realidad que veo y compruebo a diario durante muchos años.El desinterés es importante, salvo una parte de cazadores como decía, muy comprometidos y con inquietudes sobre el futuro de la caza. El resto nada de nada, les resbala los problemas, la situación que atravesamos, van a lo suyo cacen lo que cacen, no les importa si la perdiz es autóctona o granjera, si vuela más rápido o le tienen que dar con él pié para que levante el vuelo. Algunos les gustan más estas últimas, quizá por la cantidad de dispararos que realizan.
Y no es que los que podamos ser entusiastas y defendamos otro tipo de caza, no nos lo creamos, o podamos pecar de ser catastrofistas. No, se trata de denunciar, de concienciar, la realidad patente que vive el mundo de la caza en la actualidad, que ha provocado que nos luzca el pelo de esta manera con la situación actual, para tener lo que nos merecemos por haberlo propiciado nosotros mismos, al ser partícipes y responsables directos por acudir, o permitir sueltas en los cotos de perdiz granjera totalmente domesticada. ¿Qué futuro tenemos los cazadores actuales, y cuál será el futuro de la caza para nuestros hijos tal como se concibe hoy la caza, y las formas de gestionar muchos cazaderos en la actualidad?
Por ello, no es difícil entonces comprender, que el cazador férreo, fiel y comprometido con sus ideas diferentes
al resto en su manera de cazar la abandone, cuando su ejercicio en la actualidad queda desvirtuado tal como lo están la gran mayoría de cazaderos españoles con piezas que no sirven en absoluto para la caza. ¿Pero en qué clase de cazadores nos hemos convertido, que tanto cuando practicamos la modalidad de caza en mano, como la caza de la perdiz con reclamo, minutos antes siembran las perdices en el coto?, ¿pero donde vamos a llegar con estas formas de matar, que en nada se parece a la auténtica caza.? Creo que ya lo he definido antes, esto llega a causar desilusión en los verdaderos cazadores, que ante las circunstancias actuales, optan por el abandono de su afición, como mejor solución a sus ideas y formas de cazar totalmente diferentes, a las que se practican en la actualidad.
Otro motivo pu
diera ser el envejecimiento de la población, los años no perdonan, las piernas y las condiciones físicas no son las mismas, la prudencia y más en el monte, justifican razones para su abandono de su afición favorita. Pero cuando esto ocurre, algunos curiosamente acérrimos detractores de la caza de la perdiz con reclamo, sorprendentemente se hacen devotos de esta práctica, alabando incluso fervientemente las sensaciones nunca vividas durante su etapa como cazador en la modalidad de caza en mano.
También no olvidemos el alto coste que puede suponer cazar presuntamente caza pura, no solo el precio de convertirse en socio, también los desplazamientos, gastos, combustible, alojamiento, también lo valoran a la hora de abandonar y, más durante los últimos años de penurias económicas. Quizá también con la experiencia que dan los años, saben que en la actualidad tal como están los cazaderos, y el mercantilismo poco serio existente con grandes estafas, de una forma u otra, con toda seguridad se van a sentir totalmente defraudados además de disgustados, por el escaso número y la calidad de las piezas de caza comprada tal como está montado hoy este negocio, y por ello, no quiere mantener en muchos casos su afición a cualquier precio y condiciones, para llenar los bolsillos a los mercaderes de la caza domesticada y a veces enferma con precios abusivos.
Otro gran problema aun sin resolver, son las obsoletas legislaciones y distintas Leyes Autonómicas, con Diecisiete licencias administrativas y leyes de caza diferentes para cada Comunidad Autónoma, cuyo único fin es el recaudatorio.
Los abandonos, no siempre son suplidos con nuevas incorporaciones, sobre todo de gente joven. Las nuevas formas de acceder al mundo de la caza, los nuevos impedimentos para poder convertirse en cazador cada vez son mayores, además de todos los problemas expuestos, no crece la ilusión para convertirse como tal de la gente joven.
Muchos cazadores anhelan que sus hijos sigan sus pasos. De pequeños a la edad adecuada los acompañan c
omo morraleros de sus progenitores. Los aleccionan, les inculcan los verdaderos valores de la caza y tratan por todos los medios que le guste, pero ahora son menos los que salen con sus mayores, se quiere aprender rápido y mal, son menos las horas de campo como aprendiz sin escopeta. Esto hace que la afición no se sienta como hay que sentirla, no les cale profundamente, porque esta debe crecer con la persona desde los primeros años, con profundos y sólidos conocimientos, para que la afición sea fuerte y permanente.
Pero además sabemos que a veces es complicado que nuestros hijos tengan aficiones venatorias, no a todos les interesa el tema de la caza a pesar de los intentos. Los chicos están a veces demasiado sensibles a este tipo de actividad. Algunas emisiones de televisión para los más pequeños, también les condicionan con la emisión de dibujos animados a estas prácticas.La caza es algo malo porque matan a “Bambi” a la mamá de “Yaki” y Nuka” y al papá del “Rey León”. También las opiniones y comentarios desfavorables de mucha gente detractora, les sensibiliza con temas anticaza. La emisión de documentales y vídeos que vergonzozamente se ponen en el mercado, y que de ninguna manera son fiel reflejo de la auténtica caza, que sólo buscan el impacto, la imagen dura del tiro y muerte rápida de la pieza, no del tiempo de desarrollo y lances. Es posible que tal contemplación les aparte, todo eso hace daño a la caza, todo esto crea más detractores. Afortunadamente los jóvenes que tienen pedigree, los que la han conocido profundamente, los que la han mamado, los que han sido educados y enseñados en el campo en el arte de la caza, los que se les ha instruido e inculcado los verdaderos valores y formas de la caza no le afectarán.
Después de
tratar de analizar algunos aspectos evolutivos, abandonos, situación de los cazaderos, de la incorporación de nuevos cazadores, de los detractores, de los movimientos, trabas administrativas etc., A pesar de todo esto voy a ser optimista en el futuro de la caza.
Como según los datos de los medios de comunicación cada año se producen muchas bajas de cazadores, al cabo de unos años, será más fácil intentar convencer, mentalizar, comprometer, madurar la gestión de los cazaderos, y formas de cazar, etc. Para poder hacer de la caza y cazaderos algún milagro que otro. Para que la caza sea la auténtica, la verdadera, la razonable, la de la buena gestión de las especies autóctonas. Donde pueda quedar el número suficiente cada año para el incremento progresivo del coto, mediante la realización de conteos serios efectuados durante varios periodos del año.Todo esto puede ser un sueño lo sabemos, pero a ver si de una vez por todas las autoridades a través de diversas leyes hagan posible el retorno progresivo de la verdadera caza en la mayoría de los cazaderos.
Para que de esta forma vayan desapareciendo las sueltas incontroladas de perdices sin ninguna pureza ni válidas para la caza. De todo esto estoy convencido de que puede ser dada la actitud mayoritaria observada de los cazadores una misión casi imposible. Pero más difícil todavía será si la “Carta enviada por mi perdiz Calar a los Políticos” no llega a su destino, para que ellos nos puedan solucionar los graves problemas que tenemos los cazadores en la actualidad. Con esta nota de humor espero que si la reciban y, que de una vez por todas, pongan los medios y leyes necesarias para solucionar los grandes problemas que tiene en la actualidad la caza en España.http://cuquillerooriolano.blogspot.com
Hablar de ella en términos generales es hacerlo en indefinido, porque desde la antigüedad, sobre todo desde la Edad Media, esta práctica estuvo marcada para los fines que perseguía el cazador, que era la utilidad que esta le proporcionaba para su subsistencia.
Se tiene c
onstancia en sus orígenes, que la caza se ejercía para contribuir a la alimentación, y para obtener ropas de abrigo. Durante el Paleolítico, según recoge la historia, las personas vivían de la caza y del consumo de frutos y vegetales silvestres. Se convertían en sociedades recolectoras, lo que les imponía un tipo de vida nómada. Se veían obligados a desplazarse de un lugar a otro en busca de todo tipo de alimentos, plantas, y frutos silvestres.Existen testimonios de manuscritos, que afirman que los primeros pobladores eran más carroñeros que cazadores, por obtener la carne de los restos de animales abatidos por
los grandes carnívoros que comían cruda. Con el descubrimiento del fuego ya lo utilizaban para cocinar los alimentos, calentarse, espantar animales, e iluminar.La fabricación de las primeras y rudimentarias armas co
mo hachas de piedra, lanzas, y otras fabricadas con piedras y huesos de animales, les sirvieron para defenderse de los animales salvajes, además de su empleo para la caza.En esta época, nos encontramos ante una economía que no producía nada, se trataba de una actividad depredadora, y por ello nómada, pero que cambió en el periodo del Neolítico con el inicio de los cultivos y la ganadería, que les hizo más sedentarios, unido a sus avances en las técnicas de la caza.
Si algunos de vosotros habéis tenido la oportunidad de visitar las cuevas de Altamira, habréis comprobado, que albergan uno de los conjuntos de pinturas prehistóricas más importantes del mundo realizado durante la etapa del Paleolítico. Gran parte de esas pinturas son de nuestros antepasados de la Edad de Piedra y, representan diversos motivos venatorios.
Los hallazgos de restos de las armas prehistóricas que empleaban para la caza, prueban la
persecución y lucha contra los animales que poblaban hace miles de años la Península Ibérica con la existencia de grandes animales salvajes conocidos, y que fueron desapareciendo de nuestras latitudes.En la Edad Media hasta el año 492 antes de Cristo, se consolida la afición a la caza entre la nobleza y la realeza española, que se practicaba a la carrera con caballos y perros, pero tampoco deja de ser una actividad común entre gentes de toda condición.
Durante el imperio romano a España se le denominaba Hispania o Iberia, que etimológicamente significa tierra de conejos, también llamada de esta forma por los fenicios o cartagineses. Fue escenario de grandes cacerías para suministrar el sustento de muchas personas con conejos y perdices sin que se tuvieran que esforzar demasiado dada su gran densidad.
En el año 506 durante el reinado del Rey visigodo Alarico II ya se encuentran los primeros mandatos sobre la propiedad de la caza y de los terrenos que la habitan.
Durante el siglo IX se tiene constancia de la aparición de armas más perfectas para la caza con la fabricación de balle
stas muy rudimentarias y de poco alcance.La caza estaba considerada como una de las distracciones favoritas de los soberanos y de la aristocracia de la época. Se realizaban cacerías a caballo empleando lanzas y perros.
Las formas de caza fueron evolucionando desde las monterías a caballo, a la caza de aves con la modalidad minoritaria de la cetrería procedente de Oriente. La caza de las aves se detalla en varias obras, entre ellas las de Pedro López de Ayala, y la de Fadrique de Zúñiga.
Fue durante el reinado de Alfonso X de Castilla, cuando se promulgó y entró en vigencia un nuevo Fuero Real del derecho de los distintos territorios de la Corona de Castilla, en el cual se ordenan normas sobre la caza.
También se escribió la obra titulada El Código de las Siete Partidas, en la que define a la caza “como el arte o sabiduría de guerrear y de vencer”. Tanto en el Fuero Real, y en el Fuero de Soria, se establecían que los animales de caza son de propiedad privada y pertenecían al dueño de los terrenos.
La caza cobró importancia con la aparición del uso de la pólvora en las armas de fuego a finales del siglo XV con la utilización de las primeras armas defectuosas de mecha, que dieron paso a otros sistemas de ignición mediante el pedernal o sílex conocida como la llave de snapance, la de llave de patilla a la española o Migueletes, y la llave francesa o de Le Burgeoys.
El arcabuz con pe
rdigones fue el arma más empleada en la caza menor. Con ocasión de esta práctica con armas de fuego, surgieron los llamados perros de parada que indicaban donde se encontraban las piezas.Una vez asentada la dinastía borbónica en el trono de España en el año 1700, continúa la práctica de la caza entre nuestros reyes, pero sin duda con más vehemencia que épocas anteriores.
Después, desde Felipe V hasta nuestro actual Rey Juan Carlos I, todos los monarcas han sido cazadores, manteniendo la caza en la historia de España como parte de su cultura y tradiciones más arraigadas reguladas por distintas Leyes.
Durante los años: 1522,1527,1804,1834,1879, 1902,1940, 1970, hasta la reciente Ley de la Biodiversidad, se han ido modificando las leyes de caza en España. Pero a pesar de las leyes reguladoras y protectoras contra las especies de caza, debido a la gran demanda comercial desmedida, y el perfeccionamiento de las armas de fuego, también han ido ocasionado que las especies cinegéticas fueran disminuyendo progresivamente.
En el viejo continente podemos afirmar, que España ha sido la tierra más privilegiada para las especies de caza. Las cacerías han contribuido a enriquecer no sólo nuestra vasta trayectoria cinegética, sino también a continuar una milenaria tradición de cultura heredada, pero que ha sido sobreexplotada masivamente sin el debido control, disminuyendo año tras año las especies cinegéticas autóctonas.
En la actualidad, desgraciadamente está poco conservada y gestionada la caza autóctona a través del devenir de varias generaciones de cazadores españoles, quizá algunos pocos comprometidos con la gestión de los cazaderos para mantenerlos estables.
El ejercicio de la caza, debería ser autorizado y planificado por las distintas Consejerías de Medio Ambiente bajo riguroso control, en función de la gestión y piezas de caza existentes en el coto con programas de caza sostenible, para que siempre estuviese en armonía con poblaciones estables, con la protección, conservación, fomento y ordenación de los recursos cinegéticos de la pureza autóctona de las especies del cazadero. Todo ello, lógicamente bien dirigido y controlado por personas expertas en temas de caza.
Esto sería el sueño para muchos de los cazadores puristas que existen, y no de los adaptados obligatoriamente por la escasez y el mercantilismo de la mentira de la caza comercial impuesto de las especies de granja, precisamente por no haber puesto en práctica las premisas de protección que señalaba anteriormente. Pero todos sabemos, que hasta ahora ha sido una utopía irrealizable dada la privacidad que ostentan la mayoría de los cazaderos y la gran demanda existente. Pero si sería la forma de comprometer y obligar la gestión y recuperación de la caza autóctona. Esperemos que las nuevas disposiciones aparecidas recientemente en el B.O.E de la nueva Ley orgánica 5/2010 de la reforma del Código Penal, endureciendo las penas contra los que liberen especies no autóctonas, frenen en muchos cazaderos la incontrolable suelta de especies totalmente domesticadas hibridadas, y de origen incierto, que tanto daño están ocasionando con la transmisión de enfermedades a las especies autóctonas.
De esa escasez, a su vez se deriva otro elemento consustancial y constante, es decir, su configuración como privilegio. Porque si la caza ha sido históricamente la ocupación venturosa más preciada para los hombres, ahora tal como se encuentran casi todos los cazaderos bajo mínimos de auténtica caza autóctona ha dejado de serlo, al convertirse muchas veces en cuanto a caza autóctona se refiere, solo privilegio de los más poderosos, de los adinerados, de los que pueden acceder a ellas a precios excesivos.
A pesar de ello, muchos cazadores como animales racionales con sus instintos genéticos para la caza, no han podido prescindir de cualquier forma de caza para satisfacer su pasión necesaria y vital. No como válvula de escape que con su ejercicio como también se nos ha criticado, manifestamos con su práctica nuestro desahogo, nuestra agresividad de la vida diaria. No, esta afición es algo más que se lleva muy dentro, y es difícil de comprender por quienes no la han conocido, no la hayan “mamado”, y no la hayan vivido y practicado.
Los amantes de la caza también sabemos, que tenemos demasiados detractores o grupos radicales. Los cazadores no hemos podido escapar de las críticas perversas de otros grupos que pensando diferente, continúan generando problemas con el manejo de la fauna y, con la explotación de la misma.
Estas personas diferentes, y los movimientos de los llamados erróneamente ecologistas, forman grupos mediáticos, que influyen lógicamente en muchas personas, incluyendo igualmente en hijos y familiares de personas amantes de la caza. Mi buen amigo cuquillero tristemente fallecido Paco Omar, decía en sus versos, “Los ecologistas van vestidos con pieles de cordero, pero no se les ve el plumero.” Me consta, que logran muchas veces su propósito en la mayoría de las veces, al mostrar la caza como algo cruel e inhumano. Dar muerte a un animal cala profundamente en ciertas personas. Creo que todos hemos tenido en alguna ocasión que cambiar de tema hábilmente en alguna tertulia con amigos no cazadores, cuando ha salido a colación en la tertulia la caza, para evitar mayores acaloramientos y tensiones. La propaganda y oposición injustificada, preocupados estos movimientos mas por sensionalismo aprovechado, que por las verdaderas formas de impulsar y promover la gestión cinegética y de la naturaleza.
Estos críticos son las figuras “representativas” del falso ecologismo, porque todavía no he visto en mis largos años de cazador a ninguno de ellos que se denominan ecologistas, preocuparse de la gestión de ningún cazadero. Predicar, criticar, y no dar trigo, no vale para nada. No con aportación de su dinero, sino ni con la más mínima colaboración. Por ejemplo ayudar a poner agua y comida subiendo montes en algún momento que la fauna más lo necesita, en los meses de verano con cuarenta grados de temperatura. Y es que resulta, que solo los buenos cazadores, son los más preocupad
os en que no desaparezca la fauna autóctona. Por ello, existen lógicamente otros tipos de ecologistas llamados cazadores, que están más comprometidos, y más eficaces en los cuidados de la fauna y naturaleza, aunque resulte paradójico esta afirmación, porque los que estamos comprometidos con la verdadera caza autóctona, sí que asumimos esa responsabilidad de verdaderos ecologistas trabajando, gestionado, mejorando sus condiciones, vigilando a la fauna en sus necesidades, pagando de nuestro bolsillo el mantenimiento de la misma, que de no ser así, y gracias a este esfuerzo por su conservación, a la buena gestión de la caza autóctona, poco o nada quedaría, en estos tiempos tan irregulares que padecemos con los cambios climáticos y, de las grandes transformaciones generalizadas que se han producido en los cultivos tradicionales de los últimos años en el campo.En la actualidad la mayoría de la población española, puede prescindir de cualquier forma de caza o recolección de frutos silvestres para su alimentación, o que la caza sea vital para su supervivencia. Pero los cazadores, los que de verdad nos sentimos como tales, no hemos querido, ni podido, cesar en
esta actividad. Esto es un hecho irrefutable de que la caza en sí, no es un mero capricho de pocos, muchos, pobres o ricos, y menos aún de una determinada ideología que algunos desean hacernos creer, sino que es algo que sentimos profundamente y que está arraigado en nuestra plantilla genética, en nuestra condición de animales racionales.La historia de la caza actual se inicia hace algunos cientos de años. De manera, que es una actividad relativamente nueva. Algo que aunque muchos no comprendan el papel que cumple en la sociedad actual, es incorrecto juzgarla, como lo hacen algunos núcleos probablemente con una agenda de intereses personales ocultos en la mayoría de ellos tras la crítica. Pero ya solo el mero hecho de ayudar a los demás con los movimientos de dinero que genera la caza a vastos grupos de población, que logran que en zonas muy deprimidas contribuyan a mejorar su nivel y calidad de vida, debería ser más que suficiente para acallar al más virulento de nuestros detractores.
Lo cierto es que mucho antes de nuestra aparición en la superficie de la tierra, aún antes de la era de los dinosaurios, el mundo se inició repartiéndose entre animales de presa y predadores. Quién quiera que se haya hecho cargo del reparto de funciones como lo es el instinto cazador del hombre, repitió el esquema básico cazador/presa, a lo largo de muchos cientos de millones de años.
Y ya sea la naturaleza, o algún ser divino el responsable del esquema, merece ser correctamente interpretado, antes que neciamente juzgado. Más bien, habría que tomar a aquellos que se oponen irracionalmente a la verdadera caza, a la selectiva y prudente, como los verdaderos caprichosos y anormales de nuestra especie con sus sentimentalismos rancios de su oposición.
Pero la pregunta del millón, es si ahora somos demasiados, o estamos perdiendo adeptos. En el año 2010 casi en los comienzos del siglo XXI, existen en España un millón y medio de licencias de caza. El pasado año con ocasión de la apertura de vedas generales, tuve la ocasión de leer en un medio de comunicación que la cifra de licencias en España había bajado en una cantidad muy significativa. Cifraba, que se pierden cada año gran número de licencias de caza, y eso según matizaba, ocurre desde los últimos quince años. Estas afirmaciones de importantes abandonos que se están produciendo durante los últimos años, de ser ciertos, pueden proceder de cazadores sin gran afición a la caza, además de los “circunstanciales” que de haberlos haylos expresado de esta forma arcaica, al igual que lo es el ejercicio de la caza.
Hubo un tiempo, que mucha gente en zonas extremadamente deprimidas, el ejercicio de la caza no fue deportivo o de afición, sino de supervivencia. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y, salvo algunas excepciones, ya no se dan estas necesidades básicas para sobrevivir dependiendo de la caza. Hoy las expectativas de alimentación son otras, y la expansión de comercios también ha contribuido a ello en núcleos rurales, al mejorar las condiciones y medios de vida. También las desilusiones, las trabas administrativas, la desmotivación de los menos "cazadores" que si no matan no se sienten satisfechos ante la escasez de la caza, puede que les hayan quitado sus “inquietudes cazadoras”. Pero también pueden ser otros factores como vamos a seguir analizando.
Hace años c
uando la nueva Ley de caza promovió la regulación de los cotos privados para poner fin a la llegada masiva de cazadores de todos los lugares a cazar gratis, los propietarios acotaron sus tierras. Esto dio pié a que muchos, al ser la caza un bien escaso y, suprimirse prácticamente todos los terrenos libres, hizo que la demanda subiera como la espuma, además, dio pié a muchos que no eran cazadores, acotar sus términos municipales, que les animó a cazar gratis donde ahora, otros no lo podían hacer.El aumento del nivel de vida, las facilidades en el transporte, los desplazamientos a nuevos cazaderos fuera de sus provincias mas atractivos con el llamado turismo cinegético también fue determinante en el auge de nuevos cazadores para “relajarse” de las obligaciones familiares del fin de semana, convivencia con los amigos, comidas, pero sobre todo diversiones y jaranas. Esto dio pié a muchos aún no siendo cazadores, ni tener afición, aprovechaban estas circunstancias propicias para evadirse en los desplazamientos sacando su licencia.
Durante muchos años en los que me he desplazado fuera de mi provincia para practicar diversos tipos de caza que implicaba salir viernes y regresar domingo, excepto en época de la caza con reclamo, muchos de estos nuevos “cazadores” nunca participaron en ninguna cacería, lo suyo era otro tema. Lógicamente después de algunos años de las buenas "perchas" conseguidas en estos desplazamientos, su afición fue disminuyendo y dejaron de ser “cazadores” causando baja.
Pero centrándonos en las bajas de los auténticos cazadores, pueden ser varios los motivos de esos hipotéticos abandonos, por una parte el estado de muchos de los cazaderos sin caza autóctona, hacen que muchos puristas que no tienen la suerte de tener donde practicar la caza en su verdadera magnitud e intensidad, les lleva a colgar la escopeta. No les interesa para nada pagar grandes fortunas para “matar” que no cazar, aves domesticadas que impunemente sueltan en los campos con los grandes perjuicios que causan a la fauna autóctona. Con esto se pierde el espíritu de la caza, junto con sus reglas de honor y códigos éticos en las formas de cazar, y que muchos no estamos dispuestos a practicar con este tipo de caza totalmente adulterada y que no cumple las expectativas del cazador purista.
En un mundo cada vez más vertiginoso, con falta de ética, muchas veces es para muchos la forma de mantener vivas nuestras tradiciones más caras, y además, nos permiten movernos en un ambiente digno que acepta, defiende, y se rige, por los antiguos códigos de conducta en la manera de cazar.
Es cierto me consta, que existen grupos de cazadores entusiastas comprometidos con el mundo de la caza, pero ¿cuántos son capaces de arrimar el hombro cuando sea necesario? Creo que no son muchos los voluntarios, solo son unos pocos los que hacen el trabajo. Esta es una realidad que veo y compruebo a diario durante muchos años.El desinterés es importante, salvo una parte de cazadores como decía, muy comprometidos y con inquietudes sobre el futuro de la caza. El resto nada de nada, les resbala los problemas, la situación que atravesamos, van a lo suyo cacen lo que cacen, no les importa si la perdiz es autóctona o granjera, si vuela más rápido o le tienen que dar con él pié para que levante el vuelo. Algunos les gustan más estas últimas, quizá por la cantidad de dispararos que realizan.
Y no es que los que podamos ser entusiastas y defendamos otro tipo de caza, no nos lo creamos, o podamos pecar de ser catastrofistas. No, se trata de denunciar, de concienciar, la realidad patente que vive el mundo de la caza en la actualidad, que ha provocado que nos luzca el pelo de esta manera con la situación actual, para tener lo que nos merecemos por haberlo propiciado nosotros mismos, al ser partícipes y responsables directos por acudir, o permitir sueltas en los cotos de perdiz granjera totalmente domesticada. ¿Qué futuro tenemos los cazadores actuales, y cuál será el futuro de la caza para nuestros hijos tal como se concibe hoy la caza, y las formas de gestionar muchos cazaderos en la actualidad?
Por ello, no es difícil entonces comprender, que el cazador férreo, fiel y comprometido con sus ideas diferentes
al resto en su manera de cazar la abandone, cuando su ejercicio en la actualidad queda desvirtuado tal como lo están la gran mayoría de cazaderos españoles con piezas que no sirven en absoluto para la caza. ¿Pero en qué clase de cazadores nos hemos convertido, que tanto cuando practicamos la modalidad de caza en mano, como la caza de la perdiz con reclamo, minutos antes siembran las perdices en el coto?, ¿pero donde vamos a llegar con estas formas de matar, que en nada se parece a la auténtica caza.? Creo que ya lo he definido antes, esto llega a causar desilusión en los verdaderos cazadores, que ante las circunstancias actuales, optan por el abandono de su afición, como mejor solución a sus ideas y formas de cazar totalmente diferentes, a las que se practican en la actualidad.Otro motivo pu
diera ser el envejecimiento de la población, los años no perdonan, las piernas y las condiciones físicas no son las mismas, la prudencia y más en el monte, justifican razones para su abandono de su afición favorita. Pero cuando esto ocurre, algunos curiosamente acérrimos detractores de la caza de la perdiz con reclamo, sorprendentemente se hacen devotos de esta práctica, alabando incluso fervientemente las sensaciones nunca vividas durante su etapa como cazador en la modalidad de caza en mano.También no olvidemos el alto coste que puede suponer cazar presuntamente caza pura, no solo el precio de convertirse en socio, también los desplazamientos, gastos, combustible, alojamiento, también lo valoran a la hora de abandonar y, más durante los últimos años de penurias económicas. Quizá también con la experiencia que dan los años, saben que en la actualidad tal como están los cazaderos, y el mercantilismo poco serio existente con grandes estafas, de una forma u otra, con toda seguridad se van a sentir totalmente defraudados además de disgustados, por el escaso número y la calidad de las piezas de caza comprada tal como está montado hoy este negocio, y por ello, no quiere mantener en muchos casos su afición a cualquier precio y condiciones, para llenar los bolsillos a los mercaderes de la caza domesticada y a veces enferma con precios abusivos.
Otro gran problema aun sin resolver, son las obsoletas legislaciones y distintas Leyes Autonómicas, con Diecisiete licencias administrativas y leyes de caza diferentes para cada Comunidad Autónoma, cuyo único fin es el recaudatorio.
Los abandonos, no siempre son suplidos con nuevas incorporaciones, sobre todo de gente joven. Las nuevas formas de acceder al mundo de la caza, los nuevos impedimentos para poder convertirse en cazador cada vez son mayores, además de todos los problemas expuestos, no crece la ilusión para convertirse como tal de la gente joven.
Muchos cazadores anhelan que sus hijos sigan sus pasos. De pequeños a la edad adecuada los acompañan c
omo morraleros de sus progenitores. Los aleccionan, les inculcan los verdaderos valores de la caza y tratan por todos los medios que le guste, pero ahora son menos los que salen con sus mayores, se quiere aprender rápido y mal, son menos las horas de campo como aprendiz sin escopeta. Esto hace que la afición no se sienta como hay que sentirla, no les cale profundamente, porque esta debe crecer con la persona desde los primeros años, con profundos y sólidos conocimientos, para que la afición sea fuerte y permanente.Pero además sabemos que a veces es complicado que nuestros hijos tengan aficiones venatorias, no a todos les interesa el tema de la caza a pesar de los intentos. Los chicos están a veces demasiado sensibles a este tipo de actividad. Algunas emisiones de televisión para los más pequeños, también les condicionan con la emisión de dibujos animados a estas prácticas.La caza es algo malo porque matan a “Bambi” a la mamá de “Yaki” y Nuka” y al papá del “Rey León”. También las opiniones y comentarios desfavorables de mucha gente detractora, les sensibiliza con temas anticaza. La emisión de documentales y vídeos que vergonzozamente se ponen en el mercado, y que de ninguna manera son fiel reflejo de la auténtica caza, que sólo buscan el impacto, la imagen dura del tiro y muerte rápida de la pieza, no del tiempo de desarrollo y lances. Es posible que tal contemplación les aparte, todo eso hace daño a la caza, todo esto crea más detractores. Afortunadamente los jóvenes que tienen pedigree, los que la han conocido profundamente, los que la han mamado, los que han sido educados y enseñados en el campo en el arte de la caza, los que se les ha instruido e inculcado los verdaderos valores y formas de la caza no le afectarán.
Después de
tratar de analizar algunos aspectos evolutivos, abandonos, situación de los cazaderos, de la incorporación de nuevos cazadores, de los detractores, de los movimientos, trabas administrativas etc., A pesar de todo esto voy a ser optimista en el futuro de la caza.Como según los datos de los medios de comunicación cada año se producen muchas bajas de cazadores, al cabo de unos años, será más fácil intentar convencer, mentalizar, comprometer, madurar la gestión de los cazaderos, y formas de cazar, etc. Para poder hacer de la caza y cazaderos algún milagro que otro. Para que la caza sea la auténtica, la verdadera, la razonable, la de la buena gestión de las especies autóctonas. Donde pueda quedar el número suficiente cada año para el incremento progresivo del coto, mediante la realización de conteos serios efectuados durante varios periodos del año.Todo esto puede ser un sueño lo sabemos, pero a ver si de una vez por todas las autoridades a través de diversas leyes hagan posible el retorno progresivo de la verdadera caza en la mayoría de los cazaderos.
Para que de esta forma vayan desapareciendo las sueltas incontroladas de perdices sin ninguna pureza ni válidas para la caza. De todo esto estoy convencido de que puede ser dada la actitud mayoritaria observada de los cazadores una misión casi imposible. Pero más difícil todavía será si la “Carta enviada por mi perdiz Calar a los Políticos” no llega a su destino, para que ellos nos puedan solucionar los graves problemas que tenemos los cazadores en la actualidad. Con esta nota de humor espero que si la reciban y, que de una vez por todas, pongan los medios y leyes necesarias para solucionar los grandes problemas que tiene en la actualidad la caza en España.http://cuquillerooriolano.blogspot.com

