lunes 24 de octubre de 2011

ESTRÉS TÉRMICO EN LAS PERDICES DE RECLAMO.

Recientemente he tenido conocimiento de la muerte de todos los reclamos que tenía un aficionado conocido. La causa de la muerte de sus perdices según me comentaba, fue debida a unos días de excesivo calor durante el pasado mes de Julio.

Las perdices y todas las aves son los animales más sensibles para poder soportar las temperaturas extremas de calor y humedad al carecer de glándulas para producir sudor y reducir el calor corporal, además, sus plumas les impiden aliviar el calor de su propio cuerpo incrementado por las altas temperaturas ambientales en los meses de verano.

La muerte de perdices de reclamo por estrés térmico ocurren con relativa frecuencia debido a descuidos por tiempo prolongado al sol, o ubicaciones de los jauleros poco adecuados con excesivo calor y mal ventilados.La causa que les producen la muerte, es porque no pueden soportar temperaturas superiores a la que normalmente tienen, y con la elevación acusada de las mismas, es cuando las perdices ante el exceso de calor mueren por asfixia, porque se producen en su cuerpo diversas disfunciones respiratorias, la pérdida del equilibrio ácido base interno con fallos celulares y alteraciones metabólicas con la presencia de tóxicos, que les producirán fallos cardiacos y la muerte.

Mediante la homeostasis o autorregulación interna, las perdices pueden mantener y regular la temperatura adecuada de sus órganos internos, solo cuando la temperatura ambiental no sufre variaciones bruscas de exceso de calor muy pronunciadas. Las perdices en cautividad no pueden buscar otros lugares y condiciones más favorables que las que están en libertad, porque algunos jauleros están mal protegidos, orientados y ventilados, donde se pueden producir en algunos días muy calurosos temperaturas de más de cuarenta grados, superiores a la de su temperatura interna.

La glándula endocrina del hipotálamo es la que controla la regulación de la temperatura interna en las perdices activando la vasodilatación periférica mediante la secreción de adrenalina hormona vasoactiva, serotonina y noradrenalina, que ponen en alerta a los receptores periféricos para poner en funcionamiento los mecanismos para disipar el calor, y que actuan sucesivamente dependiendo del calor existente junto con los sistemas circulatorio y nervioso central en las funciones de la termorregulación de la temperatura, aumentandola cuando las temperaturas ambientes son frías, y activando las pérdidas de calor cuando son muy elevadas.

La temperatura interna de las perdices es de cuarenta grados que se mantiene siempre por encima de la temperatura ambiental exterior debido a que es muy grande su metabolismo, pero si la temperatura ambiental supera la de la perdiz, esta lo acusa y busca entonces equilibrar el exceso de calor mediante la termólisis – o pérdida de calor- mediante la radiación corporal y el jadeo, para intentar disipar el exceso de temperatura en forma de evaporación a través del sistema respiratorio, con la vasodilatación de la mucosa respiratoria y bucal con una mayor producción de saliva, favoreciendo pérdidas de calor en forma de vapor de agua al carecer de glándulas sudoríparas, pero las pérdidas de calor mediante el jadeo o hiperventilación no son importantes ante temperaturas muy elevadas, ya que solo lo hace por evaporación a través de las mucosas que recubren su sistema respiratorio y pulmones, de ahí el gran peligro que tienen, cuando las condiciones de reclusión a las que están expuestas son superiores a cuarenta grados que como decía, es la temperatura interna que normalmente suelen tener las perdices.

Por medio de la hiperventilación, las perdices tratan de eliminar el exceso de calor corporal mediante el jadeo, pero si el exceso de calor es muy prolongado y la respiración es muy intensa, se puede producir una alcalosis respiratoria con pérdida del equilibrio ácido al aumentar el Ph sanguíneo ante la pérdida excesiva de dióxido de carbono producida por la respiración jadeante, que unido a la elevada frecuencia de la hiperventilación inicial que realizan para eliminar calor, los músculos respiratorios reducen los jadeos para no aumentarlo al efectuarlos con los sacos aéreos, y también, por la fatiga que les proporciona la respiración acelerada muy intensa y prolongada, que puede ser hasta diez veces más rápida que su respiración normal, y con esta forma de respiración acelerada lo acusarán más las perdices más delicadas de salud, las más obesas, o las que tengan problemas respiratorios, que les causarán una hipoxia o falta de oxígeno en los pulmones, pudiendo producirse el coma y paro respiratorio y cardiaco ocasionándole la muerte.

El inicio del estrés térmico en las perdices, comienzan a manifestarlo cuando la temperatura ambiente es superior a los veintisiete grados, siendo más acusado cuando la humedad ambiental relativa es también alta.

Los jauleros mal ubicados, orientados, construidos y mal ventilados que reciban exceso de calor, exponen a las perdices en cautividad a sufrir condiciones térmicas elevadas que ponen en peligro su vida, porque al no ser capaces de disminuirlo, aumenta su metabolismo incrementando todavía más su temperatura con la aparición de metabolitos tóxicos, dando lugar al agravamiento de órganos vitales internos, que le producirán el coma y la muerte por asfixia y fallos cardiacos.

Otro de los frecuentes fallos observados entre algunos aficionados, es la temeridad de no proporcionarles agua limpia de manera permanente a las perdices durante todo el año, por el riesgo de que puedan sufrir un desequilibrio electrolítico por las pérdidas que sufren por diversos motivos y enfermedades, y que como comentaba anteriormente se puede alterar el Ph, produciéndose una alcalosis metabólica con perjuicio grave para su salud por deshidratación, viéndose afectados igualmente otros órganos sobre todo con insuficiencias en el hígado, riñones y corazón, que les causarán la muerte. Con el consumo de agua fresca que durante el verano su temperatura recomendable no debe ser superior a los veintidós grados de esta forma, la perdiz bebe más agua e incrementa la producción de orina, y al estar más hidratada bebiendo agua fresca apetecible por el calor,
estará más hidratada y disminuirá su temperatura, pero además favorecerá la pérdida de calor en forma de vapor de agua en cada respiración, que aunque no sea muy significativa si hace mucho calor, sí puede ser efectiva mediante los jadeos o hiperventilación para disminuir su temperatura interna. El suministro de algunos compuestos en el agua en los casos de que las perdices estén expuestas a temperaturas prolongadas muy altas pueden reducir la aparición de la alcalosis en los meses de más calor antes de que se produzca el estrés térmico, por la pérdida del balance de los diferentes electrolitos, y del equilibrio ácido base.

Por ello durante los meses de más calor es necesario cambiarles diariamente el agua por otra más fría para que puedan contrarrestar los efectos del calor que la perdices en reclusión lo acusan más que las que están en libertad, porque la perdiz debe consumir un ocho por ciento de agua más por cada grado que se eleve la temperatura por encima de su nivel térmico ideal, para evitar los efectos negativos del calor. El calor es lo que determina que la perdiz pierda mucho el apetito, cuando las temperaturas alcanzan los veinticinco grados, que irá disminuyendo progresivamente todavía más conforme aumente el calor.

Las perdices cuando tienen exceso de calor reducen su comida para disminuir el calor interno con la ingesta de comida que es transformada en nuevas calorías, haciendo uso en los meses de verano de sus reservas de grasa en los días más calurosos para no elevar su temperatura interna con el consumo de comida que tiene que ser digerida y metabolizada incrementando su temperatura. Por ello es aconsejable en los días de temperaturas de intenso calor en aquellos jauleros que tengan temperaturas muy altas, suprimirles la comida durante el día pero no el agua, y alimentarlas durante la noche, principalmente aquellas perdices de nuestro jaulero más obesas y glotonas, para que con el ayuno no incrementen la temperatura corporal durante el día con la ingesta de nuevas calorías, porque son precisamente las perdices más obesas y de peor salud, las primeras en fallecer por los efectos del estrés térmico en los días de intenso calor.

Es prácticamente generalizada la costumbre entre los cuquilleros durante el cambio de plumas en época estival, de bañar a sus reclamos que les ayuda no solo para mudar sus plumas, sino que los alivia de los rigores del verano que soportan en su reclusión de tamaño reducido. En los días excesivamente calurosos, siempre es conveniente bañarlos a veces más de una vez al día según cada caso en particular, y dependiendo de la orientación y calor que exista en los jauleros para aliviarles el calor que les pueda producir estrés térmico. La tierra es aconsejable que esté humedecida que pueda servir a la perdiz en sus baños para refrescarse de las temperaturas elevadas y no incrementarlo, así como los beneficios que tiene la tierra humedecida para las plumas.

Pero todavía existen cuquilleros sobre todo algunos de los más veteranos con malas costumbres sin ningún sentido ni beneficio para sus reclamos, porque con ellas les perjudican con sus ideas fijas absurdas la salud de sus perdices, y en este caso me refiero, a no quitarles las plumas del terrero durante el pelecho que en nada benefician a los reclamos en este periodo tan delicado. Estas prácticas obstinadas que no admiten razonamiento alguno, están fuera de toda razón lógica sin ninguna justificación beneficiosa en la práctica veterinaria, porque los empecinados aficionados que así proceden exponen a sus perdices a que sufran diversas enfermedades y contagios de parásitos.

Pero centrándonos en el tema que nos ocupa, las plumas acumuladas en los terreros les proporcionarán más calor que les perjudicarán incrementando los riesgos del estrés térmico, sí además como compruebo en mis visitas a muchos jauleros, estos están igualmente faltos de higiene, no solo con grandes acumulaciones de plumas en los terreros, sino que junto a ellas también están gran cantidad de sus heces mezcladas con tierra totalmente sucia, y ante la falta de higiene generalizada mantenida absurdamente en el periodo más delicado para la salud de las perdices al tener sus defensa más bajas, son perjudiciales en todos los sentidos, proporcionándoles calor y gases tóxicos de amoniaco perjudiciales producidos por la descomposición de la urea de las heces y orina, que les producirán enfermedades y limitarán más todavía el apetito en este periodo de grandes necesidades. Estas prácticas irresponsables observadas en algunos aficionados son debidas sobre todo al desconocimiento, y son habituales como decía en algunos veteranos que también son los que con sus peculiares formas de cuidar a sus reclamos, no les proporcionan agua de forma permanente.

Los riegos de que las perdices puedan sufrir los efectos del estrés térmico perjudicial para su salud y supervivencia, no solo son frecuentes en el verano, sino que también se producen con cierta frecuencia en los próximos meses cuando trasladados de los terreros a las jaulas se ponen al sol sin control del tiempo de permanencia quizá por olvido, siendo la permanencia excesiva al sol más peligrosa para que aparezcan los riesgos que pueden causarles la muerte, cuando las perdices se sitúan junto a las paredes, y además existe poca ventilación.

En resumen, la muerte de los reclamos de perdiz en los jauleros la mayoría de las veces ocurren por negligencias, despreocupación, falta de previsión, desconocimientos, higiene, falta de compromiso, y cuidados constantes que su estado de reclusión requieren. El celo cuquillero tiene que estar siempre presente en todos aquellos que se consideren buenos perdigoteros, prestando mejores atenciones y vigilancia a sus perdices.http://cuquillerooriolano.blogspot.com